viernes, 12 de noviembre de 2010

"Señor Cristo, ¿tiene dos botones de camisa ?"

Con este curioso título empieza la anécdota que da nombre a esta web (realmente el blog es la primera parte pero no se lo digas a nadie, será nuestro secreto).
Antes de comenzar, y para quienes no me conozcan, comentar que cuento las anécdotas haciendo gala de mucho sentido del humor, aunque siempre desde el respeto.
También quiero hacer llegar mi reconocimiento para Masao, una gran persona, profesional y amante de la fotografía, asi como al personal del SAT de Nikon en Las Palmas, excelentes profesionales.
Vaya desde aquí un afectuoso abrazo (si lees esto, recuerda que te debo dos botones de color rosa).
Empecemos la historia!


Hace cosa de una semana, llevé mi cámara a limpiar, una Nikon D40 que adquirí hace dos años, y me ha brindado una nueva perspectiva del mundo que me rodea, aparte de una insana afición por perserguir todos los insectos a mi alrededor (algún día contaré la anécdota de la cucaracha incomprendida).
Seguramente habrá alguien pensando que uno mismo puede limpiar el sensor, y sí, es cierto, se puede hacer, pero yo prefiero no arriesgarme, cosas que pasan.
Total, me fui al SAT, donde me atendieron muy amablemente, recogiendo la cámara, mochila y objetivos para su limpieza, junto a los correspondientes filtros.
Hasta ahí nada del otro mundo, de hecho, salí contento e incluso me trataron de señor (o me hago viejo o las buenas maneras se están perdiendo).
No tendría mayor repercursión, si no fuera porque a las dos horas de dejar la cámara, recibo una llamada de teléfono... (aplíquese acento japonés al interlocutor)


Interlocutor: "¿Señor Cristo?"
Yo: "esto ... ¿si diga?"
Interlocutor: "Señor Cristo, le llamo del SAT, ¿no tendrá dos botones de camisa de dos cm de diámetro?"
( *cara perpleja )
Yo: "pues mire, va a ser que no"
Interlocutor: "¿seguro que no?¿no tiene costurero en casa?"
( cara de perplejidad - bis)
Yo: "seguramente pero no sé si de esas carac..."
Interlocutor: "no hay problema, busque unos del color que le guste"
Yo: "¿para qué son?"
Interlocutor: "aaaah sorpresa"
Tu tu tu tu tu tu tu ...


Vaya, la intriga me cae encima cual balde de ácido corroyéndome hasta las entrañas.


Ante lo peculiar de la situación, y esto es importante, un servidor cuelga la ocurrencia en su muro de Facebook, para deleite de los contactos.
Créeme: nunca había sido capaz de crear semejante expectación.
De hecho, pensé en poner un servicio de sms por pago para revelar el desenlace (la crisis es la crisis y el ingenio se agudiza, no vayan a decir que uno no busca soluciones).


Total, pego a buscar los dichosos botones:


- Revolver costurero.
- Preguntar si hay botones en casa de las características solicitadas (la intriga crece como un tsunami).
- Revolver otra vez el costurero.


Como era de esperar, no aparecen los dichosos botones, pero como uno es hombre de recursos, se planta al día siguiente en la mercería para comprar dos botones negros de camisa, con un diámetro de dos centímetros, y no dos, sino cuatro, no vayan a faltar y tenga que dar media vuelta.


Salgo a Las Palmas y paso por el SAT para recoger la cámara, la incertidumbre y la curiosidad in crescendo.
Llego, presento la orden de trabajo, y los dos botones.


Yo: "... y traje los dos botones que me pidieron"
Dependiente: " ... :| "
Yo: "sí, es que me llamaron pidiendo unos botones"
Dependiente: " ... :| "

Total, va a buscar al técnico y al poco viene el interfecto, alternando una sonrisa de oreja a oreja con una disimulada risa (algo me dice que no se esperaba que llevara los botones).
Le entrego los botones y una tapa de objetivo, eso sí, haciendo gala de otra dosis de secretismo.
Al ratito vuelve ... y se desentraña el misterio.
Admito que no me esperaba lo que vi ...


¿Preparado para verlo?


¿Seguro?



He ahí el desenlace a tanta intriga: un par de botones situados a cada lado de la tapa del objetivo, facilitando la aperta de la misma cuando usas el parasol (comprobado que ayuda), y de paso, saber donde te dejas la tapa (abulta tanto que es imposible no notar donde se queda).
Todo un alarde de imaginación y pericia, dicho sea de paso.


Y aquí, querido amigo lector, finaliza esta entrada.
Espero que hayas disfrutando leyéndola, ¡hasta la próxima!


* Quien me conozca sabrá que soy sumamente expresivo